domingo, 16 de noviembre de 2014

El día que volé, sin alas y a lo loco.

Me ha costado decidir el título de esta entrada pues me tentaba la idea de escoger un título tipo "El día que me sentí una auténtica telavivi". Cualquiera de los dos pienso que puede ser acertado pero para una vez que vuelo por qué no dejarlo así.
 
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Y ocurrió -no os vayáis a creer...Que sí, que la sigo teniendo ;) -. Cuando hablo de sentirme una auténtica telavivi no me refiero al clásico de que me hayan robado la bicicleta. Mantener la misma bici en esta ciudad tras un año bien podría considerarse una hazaña, de ahí que nosotras nos queramos cada día más y que cada noche la mire fijamente a las ruedas con carita de enamorada y nos guiñemos ambas las buenas noches.
 
Para vuestra información, en Tel-Aviv puedes llegar a sentirte de aquí:
 
1. el día que te roban la bicicleta o
2. el día que te das un buen trompazo con ella.
 
Si todavía sigue conmigo, os podéis hacer una idea de lo que ocurrió, ejem ejem. Vamos, que mi bautizo consistió en efectuar un vuelo-voltereta. Así fue que volé. Mi primer vuelo sin motor. No volé tan alto como Juan Salvador Gaviota, pero sí que llegué a tener la sensación de que no me daba tiempo a recordar toda mi vida en esas décimas de segundo por mucho esfuerzo que realizase, aunque no por ello pensé en ningún momento en alargar el vuelo un poco más.
 
Fue una de esas veces que presientes que va a pasar, si no un día, otro. Observando que mis tiempos mejoraban diariamente, cada día salía de casa más tarde para llegar al trabajo, -sí, como una adolescente, tal cual-. Pero la casualidad hizo que ese día fuese despacio, atenta, sonriente y como la bicicleta rápido contagia ese buen carácter, fue al parar un motorista en el paso de cebra cuando levanté mi mano amablemente a modo de saludo para agradecerle su gesto y... Halehops! aunque podría haber resultado incluso romántico "Motorista mira a Cleta y los dos enganchados en esa mirada de agradecimiento-recompensa..." Pues no fue así, no. Mientras mi mano derecha seguía fuera del manillar y yo ya me giraba para mirar hacia adelante, justo en ese mismo momento mi rueda delantera acertó la muy.. "precisa", -digámoslo así-  a meterse en una rendija que no me dio tiempo a ver y donde ni hubiese pensado que la rueda cabría. Allí que entró hasta el tornillo de mitad de la rueda, se ancló y la parte trasera automáticamente se levantó, y ya no estoy muy segura de lo que ocurrió salvo que sentí perfectamente cómo daba la vuelta en el aire. Yo todavía casi volando, solo pensaba en cómo levantarme a toda prisa de ahí - tratando de evitar precisamente lo que ya tenía alrededor mío, una docena de chicos o incluso más, mirando y preguntándome si me encontraba bien. Alguno trataba de tirar de mi rueda bien encajada allí dentro intentando sacarla, otros de enderezar la cesta que había quedado hecha un acordeón. Agradecí tantas veces como pude a todos la ayuda recibida, pero YO ME QUE RÍ A IR o QUE LA TIE RRA ME TRA GA SE DE U NA VEZ.  Mi bici en cambio no parecía mostrar la misma prisa, ahí seguía encajonada. La muy - - ahí, atascadita....A mi la vergüenza empezaba a enfurecerme y a punto estaba ya de dejarla allí y salir corriendo cuando dieron un tironcito más y la sacaron. Tan lozana ella, con su cestita y todo y yo volví a sentir ese cariño tan especial que nos unía, que nos une. Después salí a toda velocidad de allí, tanta que lo que no sé es como no volví a caerme, palabra. Casi que me lo hubiera merecido.
 
Y así, señoras y señores, quedé convertida en la primera telavivi de cuantos llegados por aquel entonces conozco, y soy la única que mantengo en mi haber esa preciosa y fiel bicicleta, que ya menos va teniendo que ver con aquella primera foto que bien podía parecer de un día de Reyes.
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Y dejando por una vez mis bromas aparte -y sin que sirva de precedente- no quisiera despedirme antes sin hacer un elogio al carácter que percibí en aquel momento, en que no sucedió nada pero que sí podía haberse dado fácilmente, de los ciudadanos de Tel Aviv o de Israel en general. Agradecer a tantas personas como allí se acercaron rápidamente a ver cómo me encontraba e incluso ayudándome a sacar de allí la bicicleta -no digo el lugar exacto donde ocurrió por vergüenza a ser reconocida-... pero a todos ellos GRACIAS.

2 comentarios:

  1. muy bueno sí Laura, yo sigo yendo cada día al curre en bici y he tenido alguna experiencia cuasi parecida... aunque los ciudadanos de aquí no acutaran igual...
    muchos besos

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